Para DeVito (2006), la
comunicación intercultural no necesariamente aumenta la comprensión
cultural, es la calidad, no la cantidad, de la comunicación que hará
la diferencia. Las culturas difieren entre sí, y ver y entender
estas diferencias desarrollaría nuestra competencia comunicativa en
el aprendizaje de una nueva lengua. En el aula, el estudiante trabaja
y se comporta dominado por el consciente, cuando en el exterior puede
que se comunique sin pensar.
Por lo tanto, se deduce que evitar
la tendencia a evaluar de la propia cultura los valores, creencias y comportamientos como algo más positivo que los de otras culturas, es
de gran importancia para no caer en las "interferencias" pragmáticas y
desarrollar la inferencia, sin barreras culturales que se arrastran
del entorno sociocultural de donde provenimos.
Indudablemente, el
trabajo del profesor es valioso si logra que los
alumnos no traduzcan las fórmulas de sus lenguas, para adaptarse a
la nueva.
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